CASO #49

El nudillazo

Con seguridad, casi todos hemos dado dos golpecitos contra la pared para sentirla. Si se siente seco y sólido, aprobada; si se siente hueco, torcemos la boca. Llevo quince años trabajando con el mismo ingeniero civil; cuando los clientes lo hacen, nos miramos y sonreímos con complicidad.

El nudillazo es la ingeniería de bolsillo criolla, hija de una idea sencilla: lo pesado es fuerte; lo macizo, seguro. Pero hay casi tantas clases de pared como variedades de papa en los Andes. Unas sostienen, otras rellenan o cierran una estructura y otras apenas separan dos habitaciones. El sonido no distingue ninguna. Es la limpia de cuy de la construcción, placebo puro.

¿Y si todo se mueve?

En términos simples, cuando una masa se acelera, aparece una fuerza inercial. Si la masa aumenta y lo demás se mantiene, la fuerza también. El sacudón suele cobrar por kilo. La menor masa juega a favor, aunque no convierte automáticamente cualquier tabique liviano en un seguro. Si ambas paredes solo separan dos habitaciones, la liviana suele ser sísmicamente más favorable: genera menos fuerza inercial y, si falla, lo que puede caer pesa mucho menos. También importan el material, el refuerzo, la geometría, los anclajes y la relación de la pared con el edificio. La menor masa ayuda, pero por sí sola no garantiza la seguridad.

Hemos usado el nudillo para comprar casas, aprobar acabados y desconfiar de todo lo hueco. Una pared liviana nos parece barata. Una de bloque se siente muy seria, aunque no siempre sepamos qué controles y ensayos se realizaron durante su fabricación. Una mampostería pesada, mal anclada o sin el refuerzo adecuado puede agrietarse, separarse o caerse, aunque la estructura principal no colapse. Un edificio no necesita desplomarse para herir o matar a alguien. A veces basta con un trozo de mampostería.

La falla del borde oriental —Puengasí, Ilumbisí, El Batán, Calderón— existe desde antes de que hubiera algo llamado Quito: a su actividad se atribuye el levantamiento del bloque sobre el que estamos parados, unos cuatrocientos metros respecto de los valles. En 1755, una secuencia de sismos dañó templos y casas, llevó a muchos habitantes a buscar refugio en el campo y dejó réplicas durante al menos ocho semanas: la gente mirando su casa como se mira a un perro que acaba de morder. La falla sigue activa. No avisa ni explica por sí sola el daño; eso también depende de lo que encuentre construido encima.

El 16 de abril de 2016, un terremoto de magnitud 7,8 afectó especialmente a Manabí y Esmeraldas. Murieron 676 personas y decenas de miles fueron desplazadas. Las evaluaciones identificaron una combinación de factores: suelo, configuración, detallamiento, materiales, ejecución y elementos no estructurales. Nació en la costa, en otro escenario sísmico, pero dejó nuestra evidencia más cercana de que la norma escrita y la obra construida no siempre se hablan.

Cuando vuelva un sismo fuerte, hará el avalúo más honesto de la ciudad: sin mirar la plusvalía, el sector ni quién firmó los planos.

La ciudad puede modelar escenarios; la ingeniería, estimar cómo responden ciertos tipos de edificios. Lo que nadie puede adivinar es la biografía de cada casa: el piso que apareció con el tercer hijo, la pared retirada para abrir una tienda o la terraza convertida en un departamento. En una misma cuadra conviven una casa del 58, un edificio del 86 y un piso aumentado el año pasado. El suelo no revisa permisos.

La informalidad vuelve esa biografía aún más borrosa. En 2010, Quito había identificado unos 2.153 asentamientos humanos de hecho y consolidados. La cifra no equivale a edificios ni permite calcular cuántas construcciones informales existen hoy. El problema es precisamente ese: los registros describen mejor lo que entró al sistema; de lo demás, la ciudad sabe mucho menos.

Informal tampoco significa automáticamente ruinoso. Hay casas autoconstruidas con sensatez y edificios formales mal ejecutados o transformados después. La diferencia está en la trazabilidad: en unos casos hay planos, cálculos, ensayos y responsables; en otros, apenas quedan rastros de cómo se construyó. Sin esa información, hablar con certeza de cada edificio se parece demasiado a nuestro nudillazo.

La responsabilidad, además, no puede recaer únicamente sobre los habitantes. No basta con decirles que paguen una evaluación profesional, los estudios que correspondan y una fiscalización: cuando esa asistencia compite con el costo del cuarto que necesitan construir, el sistema les pide elegir entre la seguridad y el techo. Arquitectos, ingenieros, universidades, gremios y municipios deben encontrar una manera de ofrecer asistencia técnica seria, supervisada y proporcional, especialmente donde el mercado profesional casi nunca llega.

Podríamos empezar por un inventario de equipamientos esenciales: hospitales, escuelas, estaciones de bomberos y edificios de alta ocupación; crear una biografía técnica de los inmuebles que separe lo conocido de lo que nadie puede demostrar; y abrir una ruta accesible para quien quiera aumentar un piso. La idea es que ese conocimiento llegue también a quien hoy construye con necesidad, intuición y maestro mayor, sin reemplazar jamás una evaluación profesional.

La próxima vez que visite una casa, volverá a cerrar el puño y a golpear la pared. Hágalo nomás: es gratis, rápido y bastante satisfactorio. Solo no confunda el sonido con un diagnóstico.

Detrás de esa pared hay un año, una norma, un material y quizá tres ampliaciones que nadie registró. Del otro lado está usted, durmiendo. Esa pared lo ve dormir desde hace años; usted todavía no conoce su historia. En una ciudad sísmica, dejarle al nudillo lo suyo y a los profesionales lo demás también es una forma de dormir tranquilo.

Fuentes

— Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional — Sistema de Fallas de Quito; sismicidad histórica (secuencia de 1755).
— Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional — terremoto de Pedernales/Muisne, 16 de abril de 2016 (Mw 7,8).
— Banco Mundial — balance humano, social e infraestructura tras el terremoto de 2016.
— FEMA E-74 — Reducing the Risks of Nonstructural Earthquake Damage (componentes no estructurales).
— Earthquake Engineering Field Investigation Team, EEFIT — comportamiento de edificios y elementos no estructurales durante el terremoto de Ecuador de 2016.
— Municipio del Distrito Metropolitano de Quito / Secretaría de Territorio, Hábitat y Vivienda — asentamientos humanos de hecho y consolidados identificados a 2010.
— NTE INEN 3066 — bloques de hormigón: requisitos y métodos de ensayo.

2 comentarios en “Caso #49”

  1. Excelente reflexión, ahora podría analizar desde su buena forma de describir los problemas y crear soluciones, qué se puede hacer sobre los condominios dentro de las urbanizaciones. Vivo en una de esas que tienen 600 metros de terreno, ciento cincuenta de los mismos para construir una casa, la casa familiar. Ahora se construyen tres en esa porción de terreno y no solamente en un terreno, en varios. Si son diez ya son 20 casas mas, apiñadas y sin areas verdes.

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