Caso #19

diciembre, 21, 2025 • Tiempo de Lectura: 3 minutos

CASO #19• Los buses y la fatiga de la ciudad

diciembre, 21, 2025 • Tiempo de Lectura: 3 minutos

El viernes pasado a mediodía, me senté con Claude. Fue la primera vez que nos vimos cara a cara, porque solamente lo conocía por su seudónimo en redes sociales: “Más allá de los cuentos”. Su rostro muestra la vitalidad forjada por décadas de actividad física (solo anda en bicicleta)

Nos ha pasado a todos. Como cuando caminamos por una vereda y un autobús atolondrado nos roza la sien con su enorme espejo retrovisor, o, con un frenazo violento, emite una espesa nube de gases que barniza por dentro nuestros pulmones y fosas nasales.

Si manejas, los carriles son meras sugerencias para algunos homínidos que pretenden operar tantas de estas moles averiadas.

Lo que describo fue, para Claude, el detonante de una cruzada para detener una maquinaria imparable que los demás no tenemos el tiempo ni las agallas de enfrentar. Comenzó como frustración y, para él, se convirtió en un método.   

Denunció e insistió durante años y cada vez aprendió a hacerlo mejor. Con cámara en mano, firmas, una carpeta física por cada unidad (más de 3000). No para acusar a personas, me dice, sino para mostrar algo más incómodo: las entidades no reaccionan porque no les conviene reaccionar.

Me cuenta que hubo un momento en 2018 en que una autoridad transitoria decidió hacer lo elemental: salir a la vía con controles efectivos. Luego, fue removido un funcionario bienintencionado y, desde entonces, a Claude lo han detenido por tomar fotos; su cámara fue confiscada y, tras recuperarla en criminalística, la encontraron dañada.

Parte de la información de cada unidad está disponible en línea, pero no es realmente pública si no tienes un número de chasis para acceder. En la práctica, para cualquier ciudadano, no es posible verificar absolutamente nada a menos que hagas el trabajo detectivesco de Claude, quien lo publica periódicamente en redes sociales sin efecto alguno, aunque parezca que él tiene más información que la propia Agencia Nacional de Tránsito.

Lo que llamamos red de “transporte público” realmente es solo parcialmente. Es una superposición de capas que dificulta su control. El resultado es que, cuando algo falla en la calle, nadie sabe exactamente quién debería haber llegado primero, pues, a escala nacional, la Agencia Nacional de Tránsito fija las normas generales y las registra, pero no opera ni controla en la calle, mientras la Agencia Metropolitana de Tránsito fiscaliza y sanciona en vía, con un control intermitente que depende de quien observe.

Es más fácil notar la diferencia con el Metro, el Trolebús o la Ecovía, donde hay un operador público único, una flota institucional y un control centralizado. En el resto del transporte en superficie, ocurre lo contrario: miles de buses privados, organizados en cooperativas y consorcios, con propietarios individuales que operan bajo un esquema en el que el Municipio solo puede regular de lejos.

El resultado es un sistema fragmentado, con responsabilidades difusas, datos que no circulan y sanciones que rara vez cierran el circuito.

Confieso que, al conocer cómo funciona en Ciudad de México, no me sorprende por lo elemental que suena ni por ser perfecta, sino porque allí estas cosas dejaron de ser promesas. En varios corredores, cada unidad está identificada, monitoreada por GPS y vinculada a un operador responsable; si incumple, no hay regateo: sale del sistema. Desde la propia unidad, con un código QR visible que cualquiera puede escanear, el usuario puede reportar un incidente, generar un folio y obligar a una respuesta institucional, mientras aquí seguimos discutiendo intenciones; allá el problema dejó de ser el chófer y pasó a ser la estructura que lo pone en la calle.

Oficio tras oficio, ventanilla tras ventanilla, abogados, audiencias, papeles. El sistema no te derrota con argumentos: te derrota por desgaste. Es una fatiga institucional que blinda a buenos quiteños como Claude, quienes intentan, siempre sin éxito, formalizar sus reclamos.

Al final, uno no se pregunta solamente quién tiene la culpa, sino cuánto más puede aguantar una ciudad antes de dejar de insistir.

4 responses

  1. es una pena que al transporte en buses se le critique y se le persiga cuando son los que más gente movilizan, con menos afectación ambiental y menos afectación al tránsito. Mientras los privilegiados que andamos en carros particulares y bicicletas ( muchas costosas ) no valoremos el aporte de los buseros y nos creamos que somos la prioridad , entonces no se resolverá el problema de transporte en las ciudades grandes. Para mayor credibilidad en los artículos deberían poner números. Cuantos buses transportan cuanta gente ? A qué costo país ? Y lo mismo hacer con los particulares. También en el tema de accidentes , la cifra en valores relativos es mayor en el sector de vehículos particulares y motos.

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    1. Gracias por el comentario, Henry. Coincido contigo en algo central: el bus es clave para mover a más gente con menor impacto ambiental y menor ocupación del espacio vial.

      Justamente por eso el artículo no apunta contra los usuarios ni contra la idea del transporte público, sino contra las irregularidades en su gestión y operación, que terminan perjudicando a todos: peatones, ciclistas, conductores… y también a quienes dependen del bus a diario.

      En un texto breve es fácil que se lean énfasis distintos. Aquí la intención no es comparar actores sociales, sino mostrar cómo un sistema mal diseñado y mal controlado termina normalizando prácticas inaceptables.

      Parte de esa preocupación viene de un trabajo de documentación muy serio —como el que ha hecho Claude durante años— que muestra que esto no es una percepción aislada, sino un problema estructural.

      Defender el transporte público también implica exigir que funcione con reglas claras, información abierta y control real.

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    2. Un transporte público de calidad es fundamental para optimizar la movilidad en la ciudad. Lastimosamente en el transporte público de Quito existen muchas irregularidades, ilegalidades, negligencia, indicios de corrupción y poco (o ningún) interés de las autoridades competentes en atender las denuncias respectivas. Necesitamos respuestas a lo reportado, acciones para mejorar lo señalado y transparencia en los procedimientos.

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  2. Cualquier servicio público, independiente de quién lo opere, cumple tres condiciones:
    1). Acceso universal para todos los que requieren el servicio. No se puede negar el servicio. (Si un ciudadano no tiene una parada de bus a 500 metros o menos, le han negado el servicio)
    2). Satisface la demanda máxima en hora pico (agua, energía). La tarifa incluye el costo de no operar al 100% todo el tiempo.
    3). Estándares rigurosos para el servicio. Si disminuye la calidad se pierde la concesión.
    Ninguna de estas condiciones las cumple el transporte público en Quito. Este opera bajo normas de comercio de cada propietario de bus, no de servicio público.

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