Caso #2: Vidrios rotos, ciudad rota.

A recoger los pedazos

Agosto 24, 2025 • Tiempo de Lectura (3 minutos)

En 1969, el psicólogo Philip Zimbardo dejó un carro abandonado en el Bronx. Dos días después, lo deshuesaron. Lo mismo hizo luego en Palo Alto, un suburbio californiano perfecto: el auto quedó intacto. Pero Zimbardo quiso probar algo más: darle un martillazo a uno de sus vidrios. Fue entonces cuando el vecindario “civilizado” sintió por semanas la licencia para desmantelarlo.

Bautizada como la “teoría de la ventana rota”, fue manoseada por políticos, policías y urbanistas como una revelación que, si usamos la intuición elemental de la calle, parecería evidente y resuena en contextos urbanos como el nuestro.

Prefiero suponer que aún tenemos tiempo para voltear el guion sin tantas ideas fiadas y mal “tropicalizadas”. Hay decenas de estudios serios archivados en las universidades y los gremios.

Una Visión para La Mariscal

Tomaré el barrio de La Mariscal como piloto de oportunidades: un corredor académico con universidades a pasos del transporte público —PUCE, Salesiana (El Girón), UDLA–Colón, además de EPN, FLACSO y la UCE en el borde, con la UTE y la UASB a minutos por transporte—. Un ecosistema que debería llenar las calles las 24 horas pero se esfuma al caer el sol.

Un repoblamiento con al menos 40%-50% de vivienda nueva es viable (para equilibrar el actual predominio comercial y nocturno, alineado con recomendaciones de al menos 70% residencial en nuevos desarrollos), no con torres de 8 pisos en este barrio como se pretende en el proyecto de ordenanza especial de la Mariscal, sino con un mosaico inteligente: restaurar casas patrimoniales para cultura, innovación y gastronomía, transformar edificaciones funcionales y, donde lo merezca, construir edificios con subsuelos para estacionamientos, pero con un máximo de 4+1 pisos de altura que dialoguen con la escala barrial.

Según el Informe Técnico del Colegio de Arquitectos del Ecuador – Provincia de Pichincha (CAE-P, abril 2025), y datos del Plan Urbanístico Complementario Parcial La Mariscal (PUCP, 2025), el polígono de intervención cubre aproximadamente 154 manzanas (equivalentes a unas 150 hectáreas), con alrededor de 130 predios abandonados o subutilizados que podrían absorber miles de unidades habitacionales nuevas —estimando conservadoramente unas 1,200 en fases iniciales, priorizando repoblamiento—. Esto podría financiarse con incentivos como reducciones tributarias (hasta 50% en concesiones onerosas para alturas adicionales en zonas permitidas) y la posibilidad de trasladar derechos de construcción a áreas donde sí corresponde crecer en altura, como corredores periféricos. (Nota: Derechos de construcción transferibles permiten vender metros no usados en un sitio para aplicarlos en otro, equilibrando densificación sin sobrecargar barrios sensibles; exenciones tributarias reducen impuestos para proyectos que rehabiliten patrimonio o fomenten vivienda mixta).

Imagina La Mariscal con balcones y azoteas que capturan el sol y funcionan como atalayas para ver y ser vistos, veredas arboladas y anchas con edificios que no avasallan la escala de las casas patrimoniales y que no generen sombra excesiva que los árboles ya nos entregan. Cafés, gastronomía, cultura, arte y emprendimientos que devuelven vida y seguridad sin garitas ni redadas policiales.

Estacionamientos subterráneos estratégicamente ubicados dentro del polígono —como el terreno en la Colón junto al edificio España, con potencial para 1.000 plazas bajo tierra y una plaza pública con comercio y vivienda arriba— y grandes parques tarifados en los perímetros, como el lote vacío del Baca Ortiz con capacidad para 400 plazas, pueden absorber al visitante y al turista. Así, los que vienen de fuera dejan el auto en los bordes densos y caminan seguros hacia un barrio con memoria y con futuro, como sucede con el programa Grätzl-Oase en Viena, donde voluntarios transforman estacionamientos en pequeños oasis verdes (espacios comunitarios con plantas y zonas de descanso) con subvenciones de hasta 5.000 euros, ayudando a reducir el “calor urbano” (el efecto por el cual el asfalto y los edificios acumulan calor excesivo en las ciudades) y fomentando el sentido de comunidad entre vecinos.

Beneficios Compartidos

Ahora, ¿quién paga y quién gana? Para los inversionistas, permitirles transferencia de derechos de altura: que los metros no construidos en La Mariscal se vendan con descuento y trasladen a corredores como la Colón, la Amazonas y hasta los bordes del Bicentenario que aspira a ser Central Park. Así se densifica donde tiene sentido mientras se protege lo existente para colocar los fondos captados en limpieza, iluminación, árboles, innovación y cultura.

El vecino que pinta su fachada, la familia que rehabilita su casa, el emprendedor que abre en la esquina, y sí, también el inversionista que juega en grande en el lugar que más le conviene, pero deja valor en las zonas que deben tener una reutilización adaptativa (retrofitting: adaptación de edificios existentes para nuevos usos, preservando estructura e identidad). El valor llega a todos los que son “dolientes” porque viven e invierten en el lugar.

El proceso ha incluido participación comunitaria, como las mesas técnicas del CAE-P y autoridades en marzo y abril de 2025, donde se discutieron aspectos clave de revitalización y coordinación para el PUCP, fomentando un enfoque inclusivo.

El municipio y la AMC se hunden en letargo operativo y normas deformes en lugar de crear un ecosistema de licencias de 15 días, incentivos tributarios para vivienda mixta y rehabilitación patrimonial. Hoy, un trámite en la AMC puede tardar hasta 90 días. Con procesos digitales ya probados, debería tomar uno.

Libertad empresarial con reglas firmes que obliguen a dejar huella en la vereda. No arengas ni eslóganes. Solo resultados de las ventanas reparadas a tiempo.

Únete al debate: ¿qué ideas tienes para La Mariscal? Comparte en comentarios o contacta al CAE-P.

*Referencia principal: Informe Técnico CAE-P (abril 2025); Plan Urbanístico Complementario Parcial La Mariscal. **https://www.theguardian.com/environment/2025/aug/14/why-would-you-take-away-a-parking-place-the-city-where-anyone-can-build-an-urban-oasis?utm

8 responses

  1. Todo muy interesante. Pero cómo de costumbre, sólo se trata el tema “arquitectónico”, no es el único y exclusivo aspecto a tratar. ¿Acaso el ingeniero no aporta nada?… Sistemas estructurales seguros, sistema de alcantarillado, distribución hidráulica, tratamiento del servicio de gas, sistemas contraincendios, vialidad, semáforos, señalización vial, etc…

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    1. Hola Giovanni. Gracias por el comentario. Claro que los ingenieros son fundamentales —sin alcantarillado, estructuras o semáforos nada funciona—. Pero esta columna no es un manual de instalaciones, sino una reflexión sobre cómo un barrio se vacía o revive desde la óptica del urbanismo. Digamos que cada caso necesita arquitectos, ingenieros, economistas, abogados… y sobre todo vecinos que quieran habitarlo.

      Me interesa mucho tu opinión y que en este mismo espacio puedas compartir cómo ves todos esos sistemas que mencionas aplicados a la Mariscal o a otros barrios. Ese es justamente el tipo de discusión técnica y concreta que necesitamos sumar aquí.

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  2. Fernando Salazar Avatar
    Fernando Salazar

    Gracias Esteban por este análisis.

    Creo que lo fundamental es proponer una forma de reutilizar el espacio. Para esto deben participar urbanistas, sociólogos, psicólogos, que nos permitan entender cómo se hace nuevamente atractivo para vivir un lugar que ya no está en boga. Crear parques, jardines, proyectos de vivienda de baja ocupación (como dijiste tu, de baja altura), que permitan retiros, áreas verdes, y áreas comerciales y gastronómicas que piensen en el usuario, pueden generar interés en el público.

    Sin embargo, si el precio del inmueble nuevo, o reciclado, repotenciado, es similar al de una construcción nueva en lugares más comerciales, puede ser un fracaso. Si hay exenciones tributarias, tanto para el constructor, como para el comprador, se puede poner precios realmente atractivos que permitan impactar el mercado inmobiliario, y atraer así usuarios a estos sectores renovados.

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    1. Gracias Fernando por tus comentarios. Estamos trabajando junto a la AEI usando los criterios técnicos de algunos miembros del CAE para influenciar precisamente en ese propósito. Crucemos los dedos. Abrazo

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  3. luminousperfectionf9513150a9 Avatar
    luminousperfectionf9513150a9

    Excelente iniciativa. Echar abajo todo y construir edificios en la Mariscal sería borrar la historia y los pocos recuerdos que quedan de ese Quito acogedor que otrora fue.

    Estoy segura que la propuesta tendrá acogida, siempre que el Municipio apoye con incentivos como rebajas de impuestos y cosas así, en vez de poner las consabidas trabas burocráticas. Mucha gente QUIERE vivir en Quito, en lugares donde pueda caminar, no requerir de auto, moverse en bici. Creo los jóvenes podrían ser los futuros vecinos de la Mariscal… hacer encuestas en las universidades me parece sería buena idea.

    Ejemplos de recuperación en el mundo hay muchos, en NY está una zona del Bronx, Harlem; lugares que antes eran viviendas de malandros y ratas, hoy el costo del suelo es muy alto por el nivel de urbanismo conseguido.

    No sé si conoce en St. Louis Missouri, al cruzar el río está (o estaba) la parte fea y abandonada; casas con vidrios rotos, puertas clausuradas con maderos o planchas metálicas, bancos cuyas puertas metálicas se cerraron años atrás, etc… y claro, cuando lo conocí en el 2013, pensé en lo de las ventanas rotas, pues en las noches, se conocía, los vándalos y otros, iban allá y seguían destruyendo lo poco q quedaba en mal estado… no sé que ha pasado al día de hoy…

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    1. Gracias por leer, por la info y comentarios. 🙌🏼🙌🏼 Esperemos que podamos empujar un poquito a esta ciudad para adelante.

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  4. Tatiana Mosquera Cedeño Avatar
    Tatiana Mosquera Cedeño

    Gracias por abrir un debate clave sobre el futuro de La Mariscal.

    Pero todo esto puede quedarse en lo técnico si no se conecta con quienes son los verdaderos dolientes del barrio: sus vecinos.

    Coincido totalmente en la necesidad de repoblarla y revitalizarla, pero creo que el punto de partida debe ser otro: volver a poner a la ciudadanía al centro.
    El barrio perdió a sus habitantes porque nunca fue escuchado. Esta vez no podemos repetir la historia: la planificación debe construirse con la gente y no sobre ella. Solo así La Mariscal podrá recuperar su identidad y convertirse en un barrio con memoria y con futuro.

    La forma cambia el sentido, porque ya es hora de que cualquier barrio se planifique desde sus habitantes y para ellos, nunca por encima. Solo así podremos construir y favorecer la permanencia de la comunidad en el futuro.

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    1. Gracias Tatiana por abrir este debate. Coincido plenamente: si no se escucha a los vecinos, ningún esfuerzo técnico o normativo tendrá sentido. La Mariscal perdió a sus habitantes porque se planificó desde arriba, sin tomar en cuenta a quienes vivían sus calles, y repetir ese error sería condenarla al mismo vacío.

      En el Caso #2, sobre los vidrios rotos, ya hablé de cómo los barrios no son solo edificaciones sino comunidades vivas que, cuando dejan de ser escuchadas, comienzan a fracturarse. Esa reflexión vuelve a aparecer aquí: sin habitantes no hay repoblamiento posible.

      Por eso, más allá de los marcos legales y los incentivos, ya estoy trabajando con quienes son parte viva del barrio: Diego Hurtado, John Dunn, David Hernández Montesinos, entre otros. Y en paralelo, con actores de la gobernanza central y local, así como con el sector privado, porque este no es un desafío que se resuelva en un solo nivel.

      El camino realista es ir construyendo, poco a poco, una custodia compartida: normas que se abran, instituciones que acompañen, y sobre todo vecinos que sean el corazón de la decisión. Solo así La Mariscal podrá recuperar su identidad, no como un recuerdo congelado, sino como un barrio habitado y con futuro.

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