Caso #18

diciembre, 14, 2025 • Tiempo de Lectura: 3 minutos

CASO #18• El punto ciego de Quito

diciembre, 14, 2025 • Tiempo de Lectura: 3 minutos

La realidad a veces revela sus carencias sin ruido, sin malicia.
Hace un mes lancé una encuesta en X para elegir el próximo Caso para la ciudad. Cuatro opciones: constituyente, ríos, mascotas y personas con discapacidad. Esta última fue la menos votada.

No escribiré sobre este tema por victimismo ni por moraleja. Lo hago porque ese resultado —pequeño, casi invisible— dice mucho sobre una ciudad que todavía construye obra pública como si ciertas realidades no existieran, o fueran siempre de otros.

A mí me tocó entenderlo de la forma menos académica posible: tres veces terminé siendo empujado en silla de ruedas por ciudades que no eran mías, viviendo —a la fuerza— una experiencia construida que yo no elegí. En ese modo uno no “opina” de la vereda. La padece. Y sí: también maldice a quien la dejó así.

Fuera del molde hay gente de carne y hueso. Tres amigos, por ejemplo.

Fuad, reumatólogo, docente en la USFQ, usuario de silla de ruedas. El Municipio lo invitó a probar una rampa recién hecha tras una sentencia judicial. En el papel, perfecta. En la realidad, la silla volcó hacia atrás. No por mala suerte: por geometría. Pendientes imposibles en el Centro Histórico, texturas que frenan, bordillos traicioneros. Para él, Quito es una postal que, al recorrerla, se convierte en campo minado.

Roberto, paisajista, entre muletas y silla desde hace treinta años. Ha visto normas endurecerse y arquitectos sensibilizarse. Pero queda la viveza criolla local: el “solo un minuto” en el espacio reservado; el “dele nomás, sí sube” frente a una rampa al 20 %. En Estados Unidos lo multaron con 2.000 dólares por estacionar sin credencial visible. Lección aprendida: las normas de accesibilidad no viven de la buena onda solidaria. Se sostienen con control; después, con costumbre.

Gregorio, músico, estudiante de Derecho, con discapacidad visual, recorre Guayaquil con bastón y su mapa mental… hasta que un día un cable tensado para sostener un poste le cruzó el cuello. El bastón alcanza lo que alcanza; el resto depende de la improvisación diaria. Un auto en la acera lo expulsa a jugarse la vida. Un árbol nuevo, mal colocado, le cierra el paso hacia un lugar donde ningún mapa mental sirve.

En Quito, además, la topografía no perdona. Hay barrios enteros donde cada paso se piensa dos veces. Y ahí aparece el problema de fondo: no basta una rampa “correcta” en la esquina si, vereda arriba, cada predio hace lo que le da la gana. Uno mete gradas. El siguiente cambia la cota. Más allá, la rampa termina en el vacío. Veredas a mordiscos. Imposible en silla, traicionera con bastón, inestable incluso para quien camina confiado. Quito logra algo insólito: te ayuda a subir para dejarte atrapado tres metros después.

Todo esto ocurre no por ausencia de reglas, sino a pesar de ellas.

El marco jurídico existe. La Constitución reconoce derechos y garantías de accesibilidad. La Norma Ecuatoriana de la Construcción incluye el capítulo de Accesibilidad Universal (NEC-HS-AU) y define la “cadena de accesibilidad”: no un gesto aislado, sino un recorrido continuo, sin cortes absurdos. Existen también normas INEN adoptadas y listados técnicos de acceso público.

Pero en la calle esa cadena se rompe a cada rato: porque nadie responde por la cuadra completa. Porque se diseña mirando el plano y no el cuerpo. Porque se fiscaliza con el ojo y no con la cinta métrica. Porque se inaugura antes de recorrer.

Conviene ser precisos con los datos. En Ecuador se habla de 1,1 millones de personas con discapacidad (cifra difundida en reportes basados en INEC), mientras que el registro administrativo nacional muestra una cifra menor, alrededor de 487.542 personas registradas en cortes recientes. No es contradicción moral: es la diferencia entre medición estadística y registro. En cualquier caso, el número no es pequeño. Y la ciudad sigue diseñándose como si lo fuera.

La brecha es operativa. Diseñamos sin usuario real. Fiscalizamos sin medir consecuencias. Inauguramos fotos que no encuadran todo el trayecto. El podotáctil aparece interrumpido por postes o macetas. La rampa “cumple” el plano, pero no la cuadra.

¿Hay opciones para mejorar? Sí. Sin milagros de presupuesto. Sin épica. Con administración básica.

Auditar veredas, cruces y paradas de forma periódica, con mapas abiertos y responsables claros: quién contrató, quién fiscalizó, quién recibió. Lo que no se mide, en Quito se vuelve paisaje.

En la obra privada formal, las normas exigen cumplir para aprobar planos y luego obtener el permiso de habitabilidad. En el espacio público, en cambio, el cuerpo —y nuestros tributos— terminan pagando la cuenta: contratistas que entregan “tramos” y nadie que responda por el recorrido completo. La regla debería ser simple: sin certificación independiente de accesibilidad, no hay recepción de obra. Mucho menos inauguración.

Y lo más barato —y más honesto— es probar rutas con usuarios reales: silla, bastón, ojos cubiertos. No como show. Como verificación. El cuerpo mide mejor que cualquier papel.

Tal vez el error sea pensar que este es solo un problema técnico. Quizás es algo más incómodo: diseñamos sin mirar porque mirar obliga a quedarse, a corregir, a admitir que la ciudad falla en lo cotidiano.

Quito necesita eso: medir, corregir, publicar… y volver a empezar.
¿Estamos dispuestos a recorrer la cuadra completa antes de cortarla para la foto?

Una ciudad se mide por lo que decide no mirar.
Y cuando ajusta el retrovisor, descubre que el punto ciego estaba lleno de cuerpos esperando pasar.

Fuentes consultadas

  1. Constitución de la República del Ecuador (2008), derechos de las personas con discapacidad.
  2. Ley Orgánica de Discapacidades y su Reglamento (art. 17).
  3. NEC-HS-AU — Accesibilidad Universal (Norma Ecuatoriana de la Construcción).
  4. NTE INEN ISO 21542 — Accesibilidad del entorno construido.
  5. RTE INEN 042 — Accesibilidad al medio físico.
  6. NTE INEN 2854 — Pavimento podotáctil.
  7. Normas INEN complementarias (rampas, bordillos, veredas, estacionamientos accesibles).
  8. INEC — Encuesta Nacional de Discapacidades.
  9. Municipio de Quito — Evaluaciones de accesibilidad en veredas (2020–2023).
  10. Municipio de Guayaquil — Informes técnicos sobre rampas accesibles (2021
  11. Fuad Terán (Quito).
  12. Roberto Lizarralde (Quito).
  13. Gregorio Álvarez (Guayaquil).
  14. Varios Artículos María Teresa Donoso

2 responses

  1. María Teresa Donoso Avatar
    María Teresa Donoso

    Gracias Esteban por visibilizar un tema que siempre queda relegado: la situación de las personas con discapacidad y movilidad reducida en ciudades llena de barreras. Las realidades que viven Fuad, Roberto y Gregorio los limita y los excluye. La única manera de cambiarlas es con decisión política del Gobierno y Municipios, que exijan y fiscalicen el cumplimiento de toda la normativa de Accesibilidad Universal, como el sensibilizar y capacitar a los profesionales de la construcción y el diseño en el conocimiento y aplicación de la normativa desde su formación en las aulas universitarias. No nos damos cuenta que la accesibilidad universal en el espacio público, la edificación, el transporte, la comunicación e información siempre nos será útil y necesaria a todos ya que en algún momento de nuestra vida tendremos una discapacidad: hay personas con nacen con una discapacidad, hay personas que la adquieren por un accidente de tránsito o por una enfermedad crónica (cáncer, diabetes, etc.), y en la vejez todos la tendremos, ya sea por una movilidad reducida, por deterioro o pérdida de la vista, el oído o de las capacidades cognitivas. Ojalá esta realidad cambie, ya que sin accesibilidad no hay inclusión.

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    1. Todo es cuestión de tiempo María Teresa para que nos afecte. Somos una sociedad individualista que merece mejorar. Gracias por tu ayuda e información. Un abrazo!

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